martes, 25 de agosto de 2015

Lo único feo es no tener por que vivir.

Tengo muy pocos recuerdos de cuando tenia menos de trece o catorce años. Por alguna razón la mayoría son de veranos que pase en Buenos Aires, de tardes con mis abuelos o salidas con mi tío.
A veces me altera un poco esto, el no tener recuerdos, escuchar a mis amigos hablar de cosas que hacian cuando eran chiquitos y yo no saber que decir.
Soy muy de anotar todo, de sacar foto a cada mínima situacion que después me traiga recuerdos, guardo todo, cada ticket, cada moneda, cada mínima cosa que al mirarla me lleve a un lugar, a un momento. Me parece hermoso como un olor, un sabor, una foto o una canción te pueden inundar la mente de cosas, buenas y malas. Porque yo también quiero lo malo, no quiero olvidarme mas de nada, quiero mirar hacia atrás y ver lo triste, lo que superé y lo que quizás no, quiero ver lo felices que fueron los momentos que pase. No hablo de vivir en el pasado, hablo de superar, de crecer, pero siendo consciente de lo que viví, de llegar a tener treinta años y seguir sorprendiendome de como pasa la vida, de saber cómo fue lo que me llevó a ser como sea en ese momento, de como el tiempo pasa y todas esas cosas que me comen la cabeza de vez en cuando. Muy, muy de vez en cuando.

lunes, 24 de agosto de 2015

Me tildo.

Revisando notas en mi celular encontré una en la que hablaba de la noche en que mi mejor amigo vino a mi casa días después de volver del viaje de egresados (al que no fui) para que veamos juntos los vídeos y las fotos. Sinceramente no recuerdo bien si vimos todo, pero en esta nota hablo de lo mucho que extrañaba tenerlo en mi casa, y de algo que, al leerlo, me sacó una sonrisa. La luz azul y el silencio absoluto que hay en mi habitación un ratito antes de que amanezca. Ese momento en que todos duermen, ese momento en el que viviría horas y horas.
Muchas veces quiero hablar con alguien sobre lo mucho que amo las cosas, los detalles, los momentos, las personas. Pero nunca puedo. No puedo explicarlo. Hay cosas tan hermosas que no puedo expresarlas con palabras, que a la hora de hablar, me quedo en blanco. Me tildo. Y por mas que quiera decirlas, por mas que me desespere no poder hacerlo, amar las cosas hasta ese punto, me encanta.